Donde no hay amor, poned amor y encontraréis amor

La cruz cristiana es el principal símbolo del cristianismo. Su forma varía entre diferentes comunidades cristianas. En la Iglesia católica es una línea vertical atravesada en su parte superior por una línea horizontal (cruz latina) (Christian cross.svg) En la Iglesia ortodoxa predomina la cruz de 8 brazos (OrthodoxCross(black,contoured).svg) Su origen se refiere al método de ejecución de Jesucristo, el que para los cristianos es un "árbol de salvación".

Según los Evangelios, a Jesús se le atribuyen estas siete frases durante su crucifixión:

1. “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”

Reflexión:

Jesús, con estas palabras, no pide el perdón para sí, pues no le hacía falta, sino para los que le habían hecho eso. Murió amando hasta el final, perdonando. El amor gana así al odio. En la Cruz volvió a dar una gran lección, pues la verdadera prueba del cristianismo no es amar a los amigos, sino a los enemigos, a los que nos desean y hacen el mal y no nos quieren. Perdonar ayuda a quitar el odio, perdonar vence al odio. El odio queda derrotado a fuerza de bien, de perdón. 

2. “Hoy mismo estarás conmigo en el paraíso”

Reflexión:

Estas palabras nos enseñan la actitud que debemos tomar ante el dolor y el sufrimiento. El buen ladrón al ver a Jesús en la cruz comprende el valor del sufrimiento. El sufrimiento puede hacer un bien a otros y a nuestra alma. Nos acerca a Dios si le damos sentido.

3. “Mujer, he ahí tu hijo. He ahí tu madre”

Reflexión:

La Virgen, al pie de la Cruz, sufriendo por ver a su Hijo así, es proclamada Madre de todos los hombres. El amor, y más el de una madre, busca aligerar al que sufre y tomar sus dolores. El Hijo y la Madre nos aman con un amor sin límites. María es, desde ese momento, madre de todos nosotros y nos quiere como quiso a su Hijo. Nunca nos abandona.

4. “Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado”

Reflexión:

Estas palabras nos hacen pensar en el pecado de los hombres. El pecado es la muerte del alma. El pecado es el abandono de Dios por parte del hombre. El hombre rechazó a Dios y Jesús experimentó esto.

5. “¡Tengo sed!”

Reflexión:

La sed es un signo de vida. Tiene sed de dar vida y por eso muere. Él tenía sed por las almas de los hombres. Jesús trató de reunir a los hombres todos los días de su vida, pero una parte de ellos lo rechazó. Que despreciaran su amor, el amor de Dios le dolió en lo más profundo de su ser. La sed de todo hombre es la sed del amor.

6. “Todo está consumado”

Reflexión:

Todo tiene sentido: Jesús por amor nos da su vida. Jesús cumplió con la voluntad de su Padre. Su misión terminaría con su muerte, pero su sacrificio sería aceptado por el Padre. Resucitará. La obra de nuestra redención está completada, pero tenemos que colaborar con ella, tenemos que obrar para merecer esa redención. No hemos salvado todavía nuestras almas, pues somos libres. Todo lo que hagamos debe estar dirigido a este fin. 

7. “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”

Reflexión:

Jesús abandonado en las manos de Dios, con la confianza del Hijo. Estas palabras nos hacen pensar que debemos de cuidar nuestra alma, no sólo nuestro cuerpo. Jesús entregó su cuerpo, pero no su alma. Devolvió su espíritu a su Padre no con grito de rebelión sino con un grito triunfante. Jesús nunca perdió de vista su meta a seguir. Sacrificó todo para alcanzarla. Lo más importante en la vida es la salvación de nuestras almas. De nada nos sirve ganar el mundo si perdemos nuestra alma.