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Monseñor Mario Iceta Gavicagogeascoa, Obispo de Bilbao



Fecha: 01/12/2013    Identificador: 27


imagen_homiliaHomilía en la festividad de Jesucristo Rey.

Queridos hermanos:

Os saludo en esta celebración de Jesucristo Rey. La pregunta es. ¿Jesucristo es rey?. Porque nosotros estamos acostumbrados a que los reyes de la tierra sean personajes importantes, que tengan mucho poder, que vivan en palacios ostentosos y vistan a la moda de los mejores modistos. A los que se presta veneración, los que llevan y rigen los destinos de la tierra.

¿Por qué a Jesús lo llamamos rey? Realmente lo dice él; “¿es que eres tú rey?”, pregunta Pilato. “Tú lo dices, yo soy rey”, responde Jesús. “Para esto he nacido, para esto he venido … pero mi reino no es de este mundo”. También vemos en el crucifijo, encima de la cruz, INRI, Jesús Nazareno el Rey de los judíos. Y también tenemos al buen ladrón que le dice: -“Acuérdate de mi cuando estés en tu reino”. Por tanto, es verdad, Él es Rey. Pero un reinado totalmente distinto a los reinados humanos. Un reinado de servicio, de entrega, de humildad, de sencillez, de misericordia. Él reina sirviendo, amando, es decir, cuando con Él servimos, somos humildes, perdonamos, somos misericordiosos, también nosotros somos reyes, pertenecemos a su reinado, tenemos un señorío sobre toda la creación.

Hemos visto que Jesús está en la cruz donde reina. ¿Realmente reina? Hay que tener los ojos nuevos y limpios para ver cómo es su reinado. Vemos cómo las autoridades, nos ha dicho el Evangelio, se mofaban de Él. Si Él dice que es el Mesías, el elegido, hará aquí un milagro, que se salve a sí mismo. Hemos visto cómo los soldados y la chusma que estaban allí se mofaban de Él. Le daban con la esponja vinagre. “¡Venga, no eras tú el Mesías, haz aquí un signo grande!”. Y vemos también al mal ladrón: -“Si tú eres el Mesías sálvate y sálvame a mi. Haz un signo de poder para nosotros”.

Esa es la mentalidad del mundo que no piensa en los demás. Piensa cada uno en lo suyo: yo voy a lo mío. Que no piensa en servir, sino piensa en que se haga lo que yo pienso y, hay que hacer lo que yo digo, y si no sale, enveneno todo. Es un mundo que no tiene misericordia con los demás, que crea, odio, angustia y tristeza del corazón. El reino del mundo, del poder, de la autosuficiencia, de la autoafirmación, del hacer mi voluntad, de distribuir quejas y odios; es lo que hacía el mal ladrón: -“¡tú, mírame, sálvate y sálvanos!”. Y blasfemaba contra Dios.

Tenemos en el otro lado al buen ladrón. Increpaba al otro diciendo: ¿No te das cuenta, no temes a Dios? Porque Dios está compartiendo el suplicio con nosotros. Pero nosotros somos culpables y Él es inocente. Jesús comparte con nosotros nuestras angustias y nuestros sufrimientos siendo Él el santo. El ladrón tiene ahora los ojos nuevos para mirar dándose cuenta que El es Rey, de un reinado diferente porque ve al Hijo de Dios sufriendo, con humildad, con extrema paciencia, entregando su vida. Lo ve perdonando, no pensando en sí, sino pensando en los demás.

Eso es el Reino de Dios. Por eso el Reino de Dios no se identifica con ninguna estructura política, ni con ninguna ideología. Como dice Jesús: El reino comienza en vuestro corazón cuando éste es renovado de un corazón orgulloso, bien pagado de sí, esclavizado por el placer, por la sensualidad, que le cuesta amar y que le cuesta perdonar. El Reino es el dedo de Dios que nos toca el corazón y nos lo vuelve humilde, capaz de amar y perdonar. Que no busca el propio provecho y que no se dedica a envenenar a los demás, sino que sabe ponerse a servir sin pensar en uno mismo.

¿Quién opera ese cambio del corazón? El Señor lo hace por medio del Espíritu Santo. “Yo derramaré sobre vosotros el Espíritu. Os arrancaré el corazón de piedra y os daré un corazón de carne como el mío”. Un corazón nuevo capaz de amar y perdonar. El don del Espíritu se nos da en los sacramentos, de modo particular en la Confirmación. Para amar, no solo a los amigos sino también a los enemigos. Jesús nos dice: -“Si no perdonáis a los enemigos, ¿qué mérito tenéis?” Otro responde: -“si no soy capaz de perdonar a los de mi propia familia, ¿cómo voy a perdonar a un enemigo?” ¡Ven Espíritu Santo para que me transformes el corazón y pueda perdonar! Porque si no estoy fuera, estoy en la intemperie, no estoy en tu Reino, no estoy contigo. Tenemos que pedir al Señor que nos introduzca en su Reino como este buen ladrón: “Jesús acuérdate de mi cuando estés en tu Reino” que estoy en la intemperie y hace frío y no soy feliz porque vivo desgarrado por muchas tensiones y veo que tu Reino promete felicidad, paz, amor y misericordia, a pesar del sufrimiento.

Y hemos escuchado las palabras de Jesús: -“Hoy estarás conmigo en el Paraíso”.Es curioso cómo el primero que entra en el Paraíso es un ladrón. Jesús tiene debilidad por los pecadores. Los justos, los que se creen buenos y son autosuficientes, se cierran a la gracia de Dios. –No necesito de Dios, dicen. Así no pueden recibir su amor, su vida, su salvación. En cambio el que reconoce como éste, sus pecados, nos abrimos a que el Señor nos acoja en su Reino, a que el Señor haga de nosotros criaturas nuevas. Pidamos hoy al Señor, por intercesión de la Virgen María, que llamemos a la puerta de este Reino. Que el Señor nos acoja en este Reino. Que crea en nosotros un corazón nuevo donde ya no vivamos de los odios y venganzas. Sino que vivamos en el Reino de Dios que es paz, amor, misericordia, santidad, perdón y justicia. Que así sea.

X Mario Iceta Gavicagogeascoa
Obispo de Bilbao.



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